Cuando no hay más que decir, lo mejor es quedarse en silencio. Hay veces en que el silencio es bueno y otras en que es incómodo. Lamentablemente en ese momento el silencio era lo mejor, pero, aún así, resultaba increíblemente incómodo.
Los escalofríos se iban manifestando cada vez con más fuerza y el sudor frío llegaba hasta lugares insospechados. La mirada fija, la visión nublada por las gotas que manaban desde la frente y llegaban hasta las comisuras de los ojos.
La camisa blanca comenzaba a mostrar vergonzosas zonas de humedad y el pantalón gris parecía ser mucho más ajustado de lo que recordaba.
Pablo no sabía qué hacer, ni qué decir, cuando la profesora le pidió que se levantara y le pasara la tarea.
Los escalofríos se iban manifestando cada vez con más fuerza y el sudor frío llegaba hasta lugares insospechados. La mirada fija, la visión nublada por las gotas que manaban desde la frente y llegaban hasta las comisuras de los ojos.
La camisa blanca comenzaba a mostrar vergonzosas zonas de humedad y el pantalón gris parecía ser mucho más ajustado de lo que recordaba.
Pablo no sabía qué hacer, ni qué decir, cuando la profesora le pidió que se levantara y le pasara la tarea.
